Redacción Nexus Press
Reconstruir y reparar viviendas, reactivar la economía, fortalecer a los micro y pequeños empresarios y recuperar espacios seguros para la educación son tareas urgentes para devolverles la tranquilidad a las familias afectadas por el terremoto. Cada una responde a una necesidad concreta: tener un hogar seguro, contar con ingresos para sostenerse y saber que los hijos pueden continuar sus estudios. La vida y la dignidad de las personas deben orientar las decisiones y los recursos destinados a esta recuperación, destaca el editorial La Voz de APEDE bajo la firma de Alberto López Tom, presidente del organismo privado.
Desde APEDE hemos participado en la recolección de donaciones y en el apoyo a los Capítulos de APEDE en las regiones afectadas y centros logísticos. Esa labor nos ha permitido apreciar el esfuerzo detrás de cada entrega: personas que aportan dentro de sus posibilidades, voluntarios que dedican su tiempo y equipos que trabajan para que la ayuda llegue a su destino. Nuestros socios también han acudido a las comunidades afectadas para entregar donaciones. A todos ellos les agradezco su compromiso y su disposición de acompañar a las familias afectadas en estos momentos tan difíciles.
Esta solidaridad ha sido fundamental frente a la tragedia. Empresas, organizaciones sin fines de lucro, sociedad civil e instituciones públicas han sumado recursos y capacidades para llevar alimentos, insumos, conocimiento y asistencia. La respuesta a las campañas de recaudación merece igualmente nuestro reconocimiento. Cada contribución expresa la confianza de que ese aporte ayudará a otra familia a salir adelante.

Desde APEDE, extendemos nuestro agradecimiento a los voluntarios, ciudadanos, empresas e instituciones que han hecho posible esta ayuda, así como a los funcionarios de SINAPROC y de los estamentos de seguridad por su labor en las comunidades afectadas. Ese compromiso solidario debe seguir acompañando a las familias durante la reconstrucción.
Las cifras del Gobierno nos permiten dimensionar cuánto falta por hacer. El balance preliminar de SINAPROC del 21 de octubre registra 11,321 viviendas evaluadas, de las cuales 2,890 presentan daño total y 6,874, daño moderado y parcial. Según la matriz del MIDES, con corte al 20 de octubre, 5,628 personas, correspondientes a 1,051 familias, permanecían en 126 albergues. Estas cifras representan vidas que han cambiado, rutinas interrumpidas y familias que necesitan respuestas.
Ante esta realidad, la asistencia inmediata debe continuar donde sea necesaria, mientras avanzamos hacia soluciones duraderas. Necesitamos que el impulso solidario se mantenga y traduzca en viviendas seguras y habitables, con agua y saneamiento, sobre terrenos adecuados y con el acompañamiento técnico necesario. Escuchar a las familias permitirá comprender cómo viven, de qué dependen sus ingresos y qué necesitan para recuperar su estabilidad. Las soluciones permanentes deben considerar clima, las actividades productivas y los vínculos comunitarios de cada zona, sin pretender abandonar a las familias poniéndolas temporalmente en un contenedor.
Esta recuperación ocurre, además, en medio del fenómeno de El Niño, que motivó la declaratoria de emergencia nacional en agosto. Los déficits de lluvia en algunas regiones, las lluvias intensas en otras y las altas temperaturas hacen necesario integrar la prevención y la gestión del riesgo en cada etapa de la reconstrucción. Proteger a las comunidades y prepararnos mejor para futuras emergencias debe ser un propósito compartido.
Desde APEDE, valoramos positivamente la iniciativa del Gobierno de crear un fideicomiso para canalizar las donaciones del sector privado y esperamos su pronta puesta en marcha. Estos aportes deben traducirse en soluciones concretas y oportunas que permitan a las familias afectadas recuperar su hogar y sus medios de vida.
Para que esos esfuerzos lleguen a buen término, debemos coordinar capacidades y administrar los recursos con transparencia. Quienes gestionan los fondos recaudados tienen una responsabilidad con el país, las familias y con cada persona que ha contribuido. Informar cuánto se recibe, cómo se invierte y a quiénes beneficia permite honrar esa confianza y mantener viva la disposición de ayudar.
Desde APEDE, exhortamos a trabajar con prioridades claras, responsables y plazos que la ciudadanía pueda conocer. La urgencia exige rapidez, pero también rigor técnico y sobre todo rendición de cuentas para evitar las malas experiencias vividas durante la pandemia.
Ese mismo sentido de urgencia debe acompañar la recuperación de los micro y pequeños empresarios. Para muchos, el negocio es el sustento de toda la familia y el resultado de años de esfuerzo. Cada día sin abrir, cada evento suspendido, significa ventas que no llegan, mientras las cuentas siguen pendientes. Recuperar la capacidad de trabajar es parte esencial de la reconstrucción.
Por ello, es necesario identificar sus afectaciones, agilizar las inspecciones y facilitar una reapertura segura. Según las necesidades de cada caso, deben evaluarse opciones de financiamiento, períodos de gracia, facilidades de pago y apoyo para recuperar inventarios. La contratación de empresas, trabajadores y proveedores locales puede contribuir a que los recursos destinados a reconstruir circulen en las propias comunidades y ayuden a recuperar empleos.
Las comunidades afectadas de Azuero, Coclé y Veraguas son ejemplo de trabajo, emprendimiento y resiliencia. Su gente ha contribuido durante generaciones al desarrollo agrícola, ganadero, turístico y comercial del país. Hoy enfrenta grandes desafíos, pero conserva intacta su voluntad de salir adelante.
La reconstrucción debe ir más allá de recuperar viviendas e infraestructura. Es indispensable reactivar la economía local, proteger los empleos y restablecer los medios de vida de miles de familias.
Desde APEDE hacemos un llamado al Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), al Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), a la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), a la AMPYME y a las demás instituciones competentes para impulsar, junto con el sector privado y los gremios locales, una estrategia coordinada que fortalezca la producción agropecuaria, el turismo, el comercio y los emprendimientos, facilite el acceso al financiamiento y genere nuevas oportunidades.
Nuestra gente no ha perdido su capacidad de trabajar ni su espíritu emprendedor. Ha perdido parte de lo que construyó con años de esfuerzo. Hoy necesita condiciones para recuperar su actividad productiva y mirar hacia adelante con confianza.
La solidaridad nos ha permitido responder a la emergencia; ahora debe convertirse en acciones concretas para impulsar la recuperación. Porque reconstruir no es solamente levantar lo que cayó. Es devolver a las familias su independencia económica, fortalecer el tejido productivo y asegurar que estas regiones vuelvan a ser protagonistas de su propio desarrollo. La emergencia exige solidaridad. La recuperación exige acción, coordinación y resultados. Y esa responsabilidad nos corresponde a todos.
Esta reactivación también requiere restablecer infraestructura, carreteras, puentes y servicios básicos. Las decisiones sobre actividades comerciales y encuentros deben considerar las condiciones de cada localidad. Donde exista seguridad verificada, permitir su realización puede ayudar a comerciantes, restaurantes, transportistas y trabajadores independientes a recuperar ingresos que sus familias necesitan.
Junto con la vivienda y el sustento, la educación debe ocupar un lugar central en la recuperación. Entre las personas albergadas, el MIDES reporta 327 niños de hasta cuatro años y 865 menores de cinco a 17 años. Sus familias necesitan tranquilidad e información clara para acompañarlos en medio de esta situación. El balance oficial también registra más de 853 centros educativos evaluados. Conocer los resultados de esas inspecciones, rehabilitar los planteles que lo requieran y garantizar alternativas seguras para continuar las clases son tareas que no podemos postergar.
Como presidente de APEDE, invito a nuestros socios y a todas las personas que han sumado su tiempo, sus recursos y sus conocimientos a mantener ese compromiso durante la etapa que viene. La reconstrucción requerirá constancia, coordinación y voluntad de seguir presentes más allá de la respuesta inicial a la emergencia. La solidaridad que hoy nos une debe sostenerse hasta que las familias puedan recuperar su autonomía.
Cada hogar que vuelva a ser seguro, cada pequeño empresario que pueda reabrir sus puertas y cada estudiante que continúe aprendiendo dará sentido a este esfuerzo compartido. Trabajemos para que las familias recuperen la tranquilidad y puedan mirar el futuro con esperanza. Su vida y su dignidad son prioridad. La reconstrucción no puede esperar.

