Ni el traje más elegante ni un currículum perfecto salvan la primera impresión cuando un error ortográfico destruye tu credibilidad en segundos.
Marlen Dayré Pérez — docente de Español y periodista
Vivimos en la era del “outfit perfecto”. Aquel que cuando nos ponemos debemos tomarnos una fotografía y subirla en las redes antes de salir de casa. Nos preparamos para una entrevista de trabajo como si fuéramos a pisar la alfombra roja, calzando unos zapatos brillantes, ropa planchada a la perfección, con un discurso ensayado mil veces frente al espejo… ¡Hasta practicamos la sonrisa perfecta! Y entonces, con esa misma persona impecable, llega su hoja de vida… y ahí aparece, sin previo aviso, un “aser” en lugar de “hacer”, un “realize” en vez de “realicé”; y todo ese despliegue de vestuario y ensayo, fue en vano.
Porque seamos honestos: ¿de qué sirve la corbata carísima si el mensaje de WhatsApp al jefe dice “buenos dias gefe, boy de prisa aserlo”? La ortografía es, guste o no, el último filtro de credibilidad que nos queda en un mundo donde ya casi no hay tiempo para conocer a alguien en persona antes de juzgarlo. Primero llega el texto. Después, tal vez, si sobrevivimos a la primera impresión, llega la persona.
El virus de la tilde perdida en TikTok
Recientemente, un estudio realizado por investigadores de una universidad española analizó setecientos videos de TikTok que fueron tendencia durante varios meses y encontró que uno de cada cuatro contenía algún error ortográfico o gramatical, la mayoría relacionada con la ausencia de tildes. La palabra más golpeada fue, sorpresivamente, “mas”, que perdió su acento una y otra vez frente a millones de espectadores. Y lo más curioso es que el estudio no encontró diferencias significativas entre cuentas verificadas y no verificadas, lo que demuestra que ser una persona “influyente” no te hace inmune a un “porque” mal escrito. ¡Y pensar que esos son los ejemplos a seguir de muchos de ustedes!
Me siento con la responsabilidad moral de aclarar que esto no es un problema exclusivo de las redes sociales, aunque ahí se note más porque todos estamos mirando. Otro artículo periodístico especializado en educación advertía que, ante el deterioro cada vez más evidente en la calidad de la escritura entre jóvenes, algunos países ya están tomando medidas drásticas, como penalizar con puntos la falta de ortografía en exámenes de ingreso a la universidad. Es decir, lo que antes era un “detallito” hoy puede significar la diferencia entre entrar o no a la carrera que soñaste.
El peligro de llevar el chat al despacho
Hablando claro, nadie está pidiendo que escribas como un profesor de español en tus chats personales. El lenguaje urbano digital, con sus abreviaturas, emojis y jerga, tiene su lugar y su función; es parte legítima de cómo esta generación se comunica entre ellos. El problema surge cuando ese registro informal se “apropia” de espacios donde se juega la reputación profesional, por ejemplo: Un correo laboral, un informe o una solicitud de empleo.
Explicado de otra manera, la ortografía es: “el uniforme invisible que te pones cada vez que escribes”. Puedes tener el mejor currículum del mundo, hablar con seguridad en la entrevista, vestir impecable… pero si el correo de agradecimiento posterior dice “grasias por la oportunidad, are lo mejor posible”, todo ese esfuerzo se cae a pedazos. La persona que lo lea, consciente o inconscientemente, hará una asociación automática entre esa falta y el nivel de preparación de quien escribe. ¡Cruel, pero cierto!
Tres segundos antes de presionar “enviar”
Ninguna persona nace sabiendo dónde va una tilde diacrítica; la ortografía se enseña, se practica y, sobre todo, se revisa. Ese es el verdadero secreto que nadie te cuenta, y que los buenos escritores practican; aunque todos se equivocan, se toman tres segundos antes de enviar el mensaje para leerlo de nuevo. Ese hábito, tan simple como pasarse la mano por el cabello antes de una foto, puede evitarte una vergüenza inolvidable.
En un país donde el sistema educativo insiste en que los estudiantes dominen su lengua materna como herramienta fundamental de comunicación, escribir con corrección no debería verse como un capricho de la escuela, sino como una destreza tan profesional como saber usar Excel o hablar en público. Al final, lo que decimos importa, pero cómo lo escribimos también, y muchas veces es lo primero que la gente ve de nosotros antes de escuchar una sola palabra.
Así que la próxima vez que redactes un mensaje importante, recuerda que tu ortografía también se viste para la ocasión. Y créeme, no hay filtro de cámara que disimule una tilde perdida.

